SI DE DISFRUTAR SE TRATA

 

“No aceptes lo habitual como cosa natural.

Porque en tiempos de desorden,

de confusión organizada,

de humanidad deshumanizada,

nada debe parecer natural.

Nada debe parecer imposible de cambiar.”

 

Bertolt Brecht

 

#LaMuniTrabajaParaQueDisfrutemos, dice el slogan de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy, que promociona las luces de navidad en nuestra ciudad.

Y me pregunto ¿para que disfrutemos? ¿Quienes? A que disfrute se refiere?

Lxs jujeñxs hemos visto la “lavada de cara” de la ciudad para estas fiestas. Lucecitas de colores que esconden una realidad muy oscura. Un gobierno que nos tiene acostumbradxs a las apariencias. Desde que asumió y a los pocos días se mostró decidido a “limpiar” la suciedad de la ciudad llevándose puestos a lxs vendedores ambulantes y a las ferias, únicas fuentes de subsistencia de miles de jujeñas y jujeños, en nombre de una ciudad “limpia y ordenada”

En el barrio San Jorge, por ejemplo, sabemos lo que son las ferias. Cuando hablamos de sobrevivir, de vender la propia ropa usada para comer en el día, sabemos de qué se trata. Y cuando vemos a lxs pibxs que a las cinco de la tarde se comen un guiso sabemos que algo anda mal. Porque la ciudad no son las cuatro manzanas del centro. Más allá del centro se extienden los barrios y las villas, los asentamientos donde nada brilla. Resulta paradójico que un gobierno que ganó montado en el odio al disfrute hoy nos venga a hablar de que trabaja para que disfrutemos. Y no, en los barrios no hay disfrute. En los barrios hay pobreza, causada por un 45% de inflación acumulada anual, mas de la media acumulada anual del país, que asciende al 43,9%. En los barrios, desocupación y changas mal pagadas. En los barrios hay hambre.

En los barrios nos preguntamos para el disfrute de quien trabaja la Municipalidad.

Lacan habla del goce del otro como fantasma neurótico. Como una amenaza. Es en otras palabras lo que queremos decir cuando decimos que lo que les jodía era la inclusión: las notebooks, la construcción de 1824 escuelas y 17 universidades, el matrimonio igualitario, la industria nacional, el pago de la deuda cash al FMI, las bolsas de cemento en los barrios, los ladrillos, la moto, el auto, las vacaciones, el empoderamiento de los viejos y de las amas de casa, las vacunas…eso si que era disfrutar. El disfrute de las grandes mayorías. Parece una broma macabra que nos digan que trabajan para nuestro disfrute, poniendo luces de colores para tapar la pobreza y el dolor del pueblo.

Lacan explica que gran parte de los fantasmas más terribles para las sociedades han tenido que ver con ese fantasma: las guerras, el racismo, las luchas sociales, tienen que ver con esa ilusión neurótica de que mientras uno no goza, el otro si. La alianza cambiemos supo construir el odio de las mayorías basado en el odio de una minoría, que precisamente odiaba porque había perdido privilegios. El problema era ver a los negros gozando, ganando derechos. El fantasma del negro como amenaza: está gozando de algo que vos deberías gozar. Es más, vos no podes ser feliz porque ese negro es feliz. El eterno fantasma del peronismo. Porque el peronismo es especialista en ponerte al negro al lado tuyo, que no lo querés ver gozar. Como la Diputada radical Alejandra Martínez, cuando argumentó indignada contra la negra Milagro Sala: “Tiene una mansión al lado de la mía”. En esto nos diferenciamos: el peronismo no son lucecitas de colores. El peronismo es la felicidad del pueblo. La alegría de las grandes mayorías. La felicidad de tener a uno, diez, cientos y miles de negros gozando al lado tuyo. La negra viviendo en una casa para ricos, que te corresponde sólo a vos…a vos “que la bancás con tus impuestos”. Cientos de miles de niños y niñas con casas dignas. Con baño. Con cadenas en el inodoro, con pisos de baldosas, con calefacción. Con escuelas en su barrio, con piletas.

Las luces de colores del centro de San Salvador son el reflejo del goce de unos pocos. La fiesta de las minorías, bancada con los impuestos de todos y todas. En los barrios faltan luces y sobra barro. Y falta gente dispuesta a meter las patas en el barro: que no es chapotear. Que el barro no es un charquito ni un pantano. Allá abajo, en los subsuelos de la ciudad, el barro es la cotidianidad, dolor, lucha y esperanza.

Desnaturalizar, no aceptar lo habitual como natural, visibilizar, cuestionar las cotidianidades subalternas de ese barro es tarea urgente, tan urgente como meter las patas en él, con ellos y ellas.

 

Carolina Heritier

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mingacomunicandoparatransformar

“decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces". Rodolfo Walsh, 1964

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