Roma, o la romantización de la pobreza

 

Vi Roma, como muchxs, guiada por los comentarios y las críticas que desde “este lado” de la grieta invitaban a mirarla. Creo que más allá de una maravillosa fotografía e impecable estética, Roma es una trampa. La trampa de la romantización de la pobreza, de la pobreza como valor moral y de la felicidad en la pobreza, reivindicado la humildad del pobre que acepta su condición agachando la cabeza con resignación cristiana –porque si algo debe agradecerle el Capitalismo a la Iglesia, -salvo honrosas excepciones- es la evangelización de la miseria.

Las críticas “progres” a la película dicen que el guion refleja la mirada de la empleada doméstica, que la historia está contada desde su lugar, denunciando los abusos, las violencias de una clase sobre otra, históricamente silenciadas. Permítanme disentir. Creo que más que denunciar, Roma las exalta, pintando como posible un vínculo de amor entre una mujer originaria y sus patrones burgueses. La historia, lejos de estar contada desde el lugar de Cloe, es contada desde el lugar de su patrón y patrona, naturalizando la violencia, la humillación, la explotación, en la bucólica escena de la familia mirando el programa favorito desde cómodos sillones y la empleada desde un almohadón en el suelo, casi –casi- como uno más de ellxs, si no fuera porque debe interrumpir el momentáneo descanso para preparar un té al patrón.  Un mensaje que solo ayuda a estereotipar y estigmatizar al pobre, al originarix.

El mensaje de Roma es, sin dudas un mensaje político. La mirada de la clase media que encerrada en su burbuja contribuye a que todo siga igual, para garantizar ese orden perverso que le asegura sus privilegios. No puede entenderse de otra manera a la patrona llevando a unas “vacaciones” forzadas con la falsa promesa de que “no va a trabajar” (y trabaja el doble, hasta el punto de internarse en el mar sin saber nada para salvar la vida de uno de lxs hijxs del patrón) a su empleada que acaba de tener un aborto. La escena del abrazo en la playa es un resumen de una broma macabra. Estafa de una cultura elitista, usada por las clases dominantes para mantenerse en el poder.

Por un momento parecen todxs iguales, mojadxs, en la arena bajo el sol, si no fuera por la estafa del discurso de la meritocracia, donde deja de importar el aborto de la empleada ya que el haberse tirado al mar para salvar en definitiva otra vida, la redime.

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La romantización de la pobreza es peligrosa. Tan peligrosa como la noticia del pibe que camina kilómetros para ir a la escuela por ausencia del estado, la piba que vive en la calle pero que es mejor alumna y hace los deberes en la calle, el abuelo que trabaja para “aumentar” su jubilación y poder comprar remedios, etc.

El hecho es que la pobreza está mal. La pobreza no se disfruta. La pobreza es injusticia social y la desigualdad social y económica es la madre de todas las batallas.

La verdad es que no sabemos lo que piensa Cloe, porque carece de subjetividad hasta el punto de llegar al hospital y su patrona desconocer su apellido. No sabemos cuál es su realidad, fuera de las cuatro paredes de esa familia que no es la suya. Ni siquiera sabemos si ella se reconoce como india, si reconoce su vulnerabilidad desde su condición de mujer, negra, explotada, si se cuestiona su realidad como única manera de caminar a esa forma de justicia en donde ella deje de serlo.

No está bueno romantizar la pobreza. No está bueno acostumbrarnos a ver lo habitual como natural. Porque, por más dura que sea la realidad, sabemos que ninguna Cloe nace sirvienta.

Carolina Heritier

 

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mingacomunicandoparatransformar

“decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces". Rodolfo Walsh, 1964

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